Suicida
(Tribuna Universitaria, 20oct08)
La muerte te pasea las horas como pasea el bisturí del cirujano el rastro de una cicatriz. Con el dorso del pie en barro antiguo y en el recuerdo el recuerdo de estos mismos caminos, y el recuerdo del dolor mezclado con este dolor nuevo; la muerte te pasea las horas esperando a sonrisa abierta mientras cuida la sombra de los buitres las venas descubiertas. Y sin embargo tú, mi corazón suicida, sales desnudo al sol que más calienta porque sabes de la luz que sabe a lo que huele el azahar y al continente donde se guardan las noches en las que fuiste feliz.
Mi querido adicto a las cerillas cortas, te han vuelto a encontrar en los alrededores del pericardio un elevado porcentaje de fósforo. Se ve que estás cocinando un amor imposible y que a pesar de que el humo se filtre por tus aurículas, el ventrículo zurdo está ordenando a la aorta seguir el olor del fuego.
Y detrás vamos el resto. Empuja la Curva Sur, káiser de los insurgentes, y de los pies en hormiga asciende la presión que te aventa el pecho y te cierra los puños en un paso adelante. Aunque en el fondo sospechen todos, turba cobarde, en el tuyo el más digno de los funerales; no en vano los corazones sin retrovisor, mi adorable inconsciente, sólo saben chocar de frente a la velocidad del beso. Y dejar entonces un cadáver perfecto, perfecto como lo son las manchas de sangre que recorren después el salpicadero. No importa, que sea así, que lo sepas, que sigas hasta el final el recorrido del acelerador, porque horror para ti es el horror de la vía de tren, que ve pasar por encima las oportunidades sin siquiera poder levantarse del suelo. Horror es la estatua de Cupido en Picadilly Street, incapaz de ensartar una flecha en su propia espalda.
Ha vuelto el tiempo en el que sólo queda darse la vuelta o saltar desde el acantilados y tú, mi corazón guerrero, que estabas esperando el final del verano escondido en un verso, sabes que no sabes nadar pero qué bien te queda puesto el mortal y medio.
En fin, cuándo aprenderás a enamorarte de mí, pequeño ingnífilo sin remedio, cuándo aprenderás que corazón con razón son horas de sueño ganadas al tiempo. O cuándo entenderé yo, de una maldita vez, que corazón suicida sin razón de por medio ni encuentra posible el miedo ni busca la salvación.
Mi querido adicto a las cerillas cortas, te han vuelto a encontrar en los alrededores del pericardio un elevado porcentaje de fósforo. Se ve que estás cocinando un amor imposible y que a pesar de que el humo se filtre por tus aurículas, el ventrículo zurdo está ordenando a la aorta seguir el olor del fuego.
Y detrás vamos el resto. Empuja la Curva Sur, káiser de los insurgentes, y de los pies en hormiga asciende la presión que te aventa el pecho y te cierra los puños en un paso adelante. Aunque en el fondo sospechen todos, turba cobarde, en el tuyo el más digno de los funerales; no en vano los corazones sin retrovisor, mi adorable inconsciente, sólo saben chocar de frente a la velocidad del beso. Y dejar entonces un cadáver perfecto, perfecto como lo son las manchas de sangre que recorren después el salpicadero. No importa, que sea así, que lo sepas, que sigas hasta el final el recorrido del acelerador, porque horror para ti es el horror de la vía de tren, que ve pasar por encima las oportunidades sin siquiera poder levantarse del suelo. Horror es la estatua de Cupido en Picadilly Street, incapaz de ensartar una flecha en su propia espalda.
Ha vuelto el tiempo en el que sólo queda darse la vuelta o saltar desde el acantilados y tú, mi corazón guerrero, que estabas esperando el final del verano escondido en un verso, sabes que no sabes nadar pero qué bien te queda puesto el mortal y medio.
En fin, cuándo aprenderás a enamorarte de mí, pequeño ingnífilo sin remedio, cuándo aprenderás que corazón con razón son horas de sueño ganadas al tiempo. O cuándo entenderé yo, de una maldita vez, que corazón suicida sin razón de por medio ni encuentra posible el miedo ni busca la salvación.
Comentarios
(quiero un café en un starbucks cualquiera -quién dice starbucks dice cualquier otra cafetería-:P , que a partir del lunes ya te puedo contar mis impresiones del master...yuhuu)
Te envio tiritas de colores y mercromina para ese al que llamas "suicida".
BESOS
Qué bonito, lo tenías guardado para una ocasión especial o te ha salido sobre la marcha?
Un saludo!
Te lo dice una con vértigo...
Elia se chivó y te encontré ;P
Un beso, hombre que
su muerte un orgasmo sin gravedad...